DE MECÁNICA Y ALQUIMIA – JUAN JACINTO MUÑOZ RENGEL.
AUTOR: Juan Jacinto Muñoz Rengel.
EDITORIAL: Salto de Página.
ISBN: 978-84-936354-9-7.
Nº DE PÁGINAS: 154.
Reseña realizada por Antonio Calzado.
Juan Jacinto Muñoz Rengel es un joven escritor malagueño nacido en 1974, cuya obra en solitario se reduce hasta el momento al libro que hoy reseñamos y al conjunto de relatos 88 Mill Lane, publicado por Althulia en 2006. Sin embargo, Muñoz Rengel no es ningún novato en el mundo de la literatura y más específicamente, en el difícil y nunca debidamente valorado terreno del relato corto. Ha coordinado diversas antologías del género, y su narrativa se ha hecho acreedora a multitud de galardones tanto dentro como fuera de nuestro país, siendo traducido al inglés y al ruso. En concreto, De Mecánica y de Alquimia se alzó con el prestigioso premio Ignotus al mejor libro de relatos de 2010. Por si esto fuera poco, el autor (doctor en Filosofía) es asimismo profesor en la Escuela de Escritura Fuentetaja de Madrid, además de dirigir y/o coordinar algunos programas de radio cuya temática y razón de ser (no podía ocurrir de otro modo) es la literatura.
Con tan impresionante currículum a su espalda, sorprende en cierta medida que, pese a su juventud, Muñoz Rengel sólo haya publicado dos libros de relatos. Tengo mi propia teoría al respecto, tan válida como otra cualquiera, y que sólo el autor podría negar o confirmar: considero que nos hallamos ante una de esas raras avis en el panorama narrativo español, que prefiere cuidar y pulir sus textos al máximo antes de entregarlos a la imprenta y que, milagrosamente, se halla libre de lo que ha sido dado en llamar el “síndrome de ansiedad por la publicación” que caracteriza a demasiados autores actuales, tanto noveles como veteranos. Son sólo dos razones más de las muchas que existen para agradecerle a Muñoz Rengel la salida a la luz de este maravilloso libro.
Maravilloso, sin duda alguna. Ya desde la portada – una preciosa imagen del Reloj de Praga, al parecer diseñada por el propio autor- De Mecánica y de Alquimia nos habla bien claro de sus intenciones estéticas, que se manifestarán a través de los once relatos que lo componen, además de un escolio final que debe leerse obligatoriamente… ¡ante un espejo! Porque aquí vamos a encontrarnos con misteriosos alquimistas, monjes visionarios, fantasmas que se creen personas, (¿o personas que se creen fantasmas?) máquinas parlantes y melancólicas, golems judíos moldeados en barro e insuflados de vida, trenes enigmáticos… todos ellos tratados con la delicadeza de un orfebre y la precisión de un relojero.
Si hay algo que domina Muñoz Rengel es el lenguaje, y esta afirmación es mucho más fácil de decir que de llevar a cabo. La prosa casi poética – a veces sombría, siempre inquietante- del libro cautiva al lector desde el primer momento. El nombre de Jorge Luis Borges se nos viene inmediatamente a la cabeza (con mención implícita a La Biblioteca de Babel en el relato titulado El Sueño del Monstruo) y sin embargo, Muñoz Rengel no nos abruma con la cierta pedantería y el exceso de erudición que a veces se perciben en los relatos del genial escritor argentino: el suyo es un ejercicio de contención literaria que se agradece infinitamente en los tiempos que corren. Cada palabra está en su lugar, cada punto y cada coma: nada sobra ni falta. Esta exactitud de Muñoz Rengel en el uso del lenguaje tiene algo de aterradora y sobre todo, de fascinante. Aquí me parece de justicia mencionar el nombre de Angel Olgoso, autor entre otros libros del cautivante Los Demonios del Lugar, otro más de los autores vergonzosamente ignorados por medios de comunicación expertos en ensalzar más de una mediocridad supuestamente “literaria”. Detecto entre ambos autores ciertas -y lejanas- similitudes de estilo, no tanto de temática.
Pero De Mecánica y de Alquimia no se queda ahí, desde luego. De haberse limitado a cultivar sólo la perfección formal estaríamos ante un ejercicio brillante y poco más, una mera exhibición de virtuosismo. Por fortuna Muñoz Rengel dedica tanta atención a la forma en que expone sus argumentos como a las propias tramas en sí, con lo que el resultado final se nos muestra arrebatador. El misterio, la inquietud existencial, el cuestionamiento mismo de la realidad que percibimos con los sentidos… todo esto y mucho más encontrarán en cada una de las páginas de De Mecánica y de Alquimia, un libro que –sobra decirlo- recomiendo vivamente a toda clase de lectores. Destacaría especialmente los relatos Lapis Philosophorum, El faro de las islas de Os Baixos o Brigada Diógenes (delicioso homenaje al gran Ray Bradbury), sin olvidar Pasajero 1/1, una inquietante y lúcida reflexión sobre el destino del hombre. Se trata de pequeñas obras maestras de diez o veinte páginas que no pueden ser ignoradas por nadie que aprecie el difícil arte del relato corto o, simplemente, el arte de la literatura.
Por no abundar en paralelismos literarios (se podría hablar largo y tendido de Julio Cortázar, de Dino Buzzati, de Rynosuke Akutagawa…) emplearé uno pictórico: De Mecánica y de Alquimia me ha recordado intensamente a las mejores pinturas metafísicas de Carlo Carrá o de Giorgio de Chirico. O musical, si así lo prefieren: el misterio de las obras de cámara de Paul Hindemith o la melancolía de las composiciones para armonium de César Franck están presentes en sus páginas. Un libro cuyo valor literario global es muy superior al de la mera suma de sus partes.
Para terminar esta reseña, diré que desgraciadamente no creo que veamos nunca a Muñoz Rengel en las listas de los más vendidos: su obra tiene demasiados quilates y es demasiado evocadora y elegante para estos tiempos. Pienso que, al autor, tal idea –la de la lista de best sellers- solo le provocaría una pequeña sonrisa con un poco de ironía. Aunque ojalá me equivoque: en cualquier caso, quédese el mundo con sus Dan Browns y sus Ken Follets, que yo me marcho a disfrutar una vez más de ese universo mágico e íntimo, cargado de misterio y terrorífica belleza que propone Muñoz Rengel desde las páginas de De Mecánica y de Alquimia. Como decía mi paisano Góngora en la voz del inmortal Paco Ibañez: “Ándeme yo caliente… y ríase la gente”.











