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DIMES Y DIRETES By Anita Noire.

¡QUÉ MALA ES LA ENVIDIA!

Las páginas web son como los árboles frutales, para que crezcan sanos y hermosos hay que abonarlos, podarlos y, como no, de vez en cuando injertarlos. En este caso, el buen hacer de esta página radica en las estupendas colaboraciones que contienen y las secciones que incluye. En este último punto debo decir que primero la mía, por supuesto, y en segundo lugar, la de Eduardo Cruz. La modestia nunca llevo a nadie a nada.

Con Eduardo me unen varias cosas:

1.- La pasión desenfrenada por los botellines de Cruzcampo, llenos y fríos.

2.- Una competición desenfrenada por acudir al Premio Planeta. El año pasado nuestra competición nos llevo a retransmitirlos en directo. Él desde la cama en gayumbos rastreando la red y yo desde la parada del autobús que está frente al Palacio de Congresos vestida con un Prada sensacional.

3.- La lectura incontrolada: Él de los cómics de Batman, yo de los santos evangelios.

4.- El amor sin condición por Enrique Vila-Matas. En este aspecto le llevo ventaja.

5.- Las risa permanente.

Iba a decir que la envidia es muy mala, en este caso malísima, pues mientra él “Anda de vacaciones” escribiendo una novela que ganará, con toda seguridad, el Goncourt, el Planeta, el Pulitzer y el Awards, la menda intenta redactar, jugando a los gorgoritos literarios, la lista de la compra.

Así que, aunque la envidia me tiñe de verde, y tengo los pelos como escarpias de pura quemazón, aquí va mi más calurosa (los sofocos metafísicos me pueden), felicitación a Eduardo por su “Andarán de vacaciones”.

PD.: Eduardo, me debes dos botellines… :)

 

ANDARÁN DE VACACIONES, by Eduardo Cruz Acillona.

Os presentamos una nueva sección para esta temporada, “Andarán de vacaciones”, a cargo de Eduardo Cruz Acillona, donde nos contará las aventuras y dificultades de un aspirante a escritor. Aquí os dejo la primera entrega.

 

 

Andarán de vacaciones, por Eduardo Cruz.

 

Di una patada al taburete de la cocina en el que estaba subido. La soga se abrazó a mi cuello como si no se hubieran visto desde hacía una eternidad…

Me empezaba a faltar el aire y un pensamiento recurrente me acompañaba en semejante trance: había sido un gasto innecesario dejar abierta la espita del gas.

 

DICCIONARIO DE LAS ARTES – FÉLIX DE AZÚA.

DICCIONARIO DE LAS ARTES.

AUTOR: Félix de Azúa.

EDITORIAL: Debate.

ISBN: 978-84-9992-003-0.

Nº DE PÁGINAS: 368.

Reseña realizada por Javier Ortega.

Como prueba inequívoca de la pertinencia y vigencia de una obra, Debate acaba de reeditar, remozado para la ocasión, el ya célebre Diccionario de las Artes alumbrado por Félix de Azúa allá por 1995 (y vuelto a revisar, como ahora, en 2002). Se trata de uno de esos libros que el discurrir de los años decanta sin ambages hacia la excelencia, por más que el tono empleado por el autor en su confección carezca en modo alguno de pretensiones tan elevadas (cuanto menos en la superficie) y goce para bien de un tono desenfadado y hasta ligero, huérfano de afectación.

Tras el ropaje formal de un diccionario al uso, Azúa propone al lector una reflexión sagaz y sumamente amena a propósito de la evolución de lo que se ha dado en llamar Arte (o “artes”, disquisición esencial que vertebra el texto). El periodo histórico contemplado se remonta a la Antigüedad, si bien la mirada del autor se detiene con especial énfasis en las últimas décadas, en lo que, desde instancias más engoladas, viene a denominarse comúnmente Modernidad. Las voces contenidas –Color, Espectáculo, Bello, Deconstrucción…– se erigen en pretexto necesario para que el autor desgrane un discurso irónico, henchido de sarcasmo, en el que asistimos perplejos y fascinados a la gran pantomima en que se ha convertido gradualmente el panorama “artístico”; un retablo de vanidades en el que lo accesorio suplanta con extraordinaria frecuencia a lo esencial, y en el que se concitan los más variados intereses, desde los abiertamente espurios a los más legítimos y honorables.

Catedrático de Estética en la Escuela de Arquitectura de la Universidad Politécnica de Cataluña, Félix de Azúa es bien conocido por sus periódicas colaboraciones en el diario El País, y el público más avezado sabe también de su extensa y muy valiosa bibliografía, que incluye notables incursiones en lírica y narrativa. Una de sus muestras más refulgentes es sin duda esta obra, que invita a una lectura enjundiosa y esclarecedora al tiempo que divertida.

LOS REBELDES DEL CROW – JAVIER MÁRQUEZ SÁNCHEZ.

LOS REBELDES DEL CROW.

AUTOR: Javier Márquez Sánchez.

EDITORIAL: Hidra.

ISBN: 978-84-929-39-36-7.

Nº DE PÁGINAS: 336.

Reseña realizada por Antonio Calzado.

LOS REBELDES DE CROW O EL PLACER DE NARRAR.

Siempre he creído con toda sinceridad que, para cualquier lector, resulta muy reconfortante el hecho de comprobar que todavía existen escritores que, sencillamente, disfrutan de lo que cuentan. Javier Márquez Sánchez (Sevilla, 1978) ya me había sorprendido muy gratamente con su primera obra de ficción, La Fiesta de Orfeo (2008) que más que una novela es un despliegue novelado del mejor cine de terror clásico en formato esta vez de papel, donde la acción se sucede sin dar tregua al lector. Siguiendo estos mismos derroteros (en la narrativa de Márquez el lector nunca tiene un respiro, créanme, nunca) ha salido a la luz en la editorial Hidra su segunda novela, Los Rebeldes De Crow, una narración supuestamente juvenil con demasiados matices para quedarse dentro de esta etiqueta de conveniencia, que utilizan los críticos (y los que hacemos reseñas) cuando no saben o no sabemos dónde encajar un libro concreto.

Javier Márquez cumple al pie de la letra el primer mandamiento del escritor vocacional, que reza así: Escribiré, sobre todas las cosas, lo que a mí me dé la gana, y disfrutaré haciéndolo. Y esto se nota en la narración: la literatura suele premiar a los audaces que se lanzan sin vacilar a sus revueltas aguas con el entusiasmo por bandera, y así ocurre en este caso: el gusto por narrar de Javier Márquez consigue el milagro de apropiarse del lector hasta tal punto que este ya no puede dejar de leer hasta la última página del libro. En realidad, se trata de un proceso semejante al contagio de un virus: en este caso de un virus benigno y maravilloso, al que llamaremos amor por la literatura.

La prosa de Márquez está teñida de este entusiasmo narrativo que se desborda brillantemente por sus cuatro costados: sin embargo, no crean que este es el único recurso del autor cuando se enfrenta al desafío del papel en blanco. El entusiasmo es fundamental (nada valioso pude hacerse sin él, y menos en literatura) pero se necesita algo más. Y aquí es donde Márquez saca a relucir toda su artillería, basada sobre todo en su gran capacidad visual y en el ritmo endiablado con el que exprime, literalmente, cada una de sus novelas. Añadan a esto una trama absorbente llena de guiños musicales y cinéfilos (otra constante en sus obras que le agradecemos particularmente los lectores veteranos), unos personajes creíbles e interesantes, independientemente de que se vean más o menos sujetos a las convenciones del género, y un sentido del humor muy particular que aflora cuando menos se lo espera, aliviando en caso necesario la tremenda tensión argumental. Agiten bien todos estos ingredientes añadiendo unas gotas de distopía que, bajo la ambientación presuntamente juvenil y festiva, nos harán reflexionar en nuestro futuro con cierta inquietud, y ya tienen como resultado Los Rebeldes de Crow: una magnífica novela de acción que recomiendo vivamente a toda clase de lectores, sin importar para nada su edad.

El inicio de la novela ya se nos muestra muy prometedor, sin que la continuación (que no comentaré aquí por razones obvias) desmerezca en absoluto: Sara, Ray y Alex son tres jóvenes que se dedican a explorar edificios abandonados, encontrando en uno de ellos el cadáver de un individuo al lado de un extraño aparato parecido a un mando a distancia. Accidentalmente, el artefacto se pone en funcionamiento, sin más consecuencias aparentes que la desaparición del cadáver. Incapaces de encontrar una explicación, el trío protagonista se retira llevándose el aparato. Pero el mundo al que están acostumbrados ha cambiado sutilmente, sin que sea fácil descubrir la naturaleza exacta de estos cambios. Aunque algo sí parece evidente: la agresividad de las personas ha crecido de manera aterradora, y de hecho este grado de violencia no sólo se tolera, sino que se fomenta social y políticamente… A partir de aquí Sara, Ray y Álex tendrán que defenderse con uñas y dientes de un mundo hostil durante su frenética búsqueda de la verdad.

La juventud de los protagonistas podría dar pie a burdas ñoñerías al estilo de Crepúsculo (el Hello Kitty de los vampiros, en afortunada expresión del mexicano Jose Luis Zárate). Por suerte para el lector, Márquez ignora por completo este “recurso” edulcorado y nos presenta una novela dura y peligrosa, con tiroteos, heridas de bala y muertos de verdad… y sobre todo con un ritmo endiablado que harían bien en imitar muchos azucarados y sensibles autores. Pero no sólo eso: el horror de la tiranía y de la manipulación mental está magníficamente encarnado en la siniestra figura de Sydow: el magnate que sueña con dominar su mundo “ideal” donde sólo los más crueles sobreviven. A quien me diga que este personaje tiene algo de tópico le diré que sí, y acto seguido le hablaré del Grupo Bilderberg, del Fondo Monetario Internacional o del Tea Party norteamericano: parece que los “tópicos” han abandonado definitivamente la ficción para venir a instalarse en nuestro mundo.

Pero toda tiranía por poderosa que sea engendra a la larga una resistencia, y este es el mensaje de esperanza en la (desde cierto punto de vista) inquietante y oscura novela “juvenil” de Márquez. Oliver Crow es un outsider que se limita a sobrevivir con su grupo de rebeldes motorizados en los márgenes del sistema. Curiosamente será otros tres outsiders (Sara, Alex y Ray) los que al fin encaucen su energía y su odio latente contra Sydow, en una revolución que finalmente pretende romper las cadenas de la tiranía. El hecho de que los protagonistas sean “antisistema” cada uno a su manera… ¿no les dice mucho acerca de nuestra sociedad actual? Y todavía hay por ahí quien sigue diciendo que la literatura fantástica tiene el defecto de no reflejar el estado de la realidad… Bueno, quizá sea la mala literatura fantástica, que también la hay: desde luego que ese no es el caso de Los Rebeldes de Crow.

Me despido recomendando una vez más la lectura de esta apasionante novela a toda clase de lectores. Hay muchísimas razones para hacerlo, pero les advierto de algo: si empiezan a leer ya no podrá parar hasta el final, porque el libro engancha y lo hace al momento y de manera brutal, sin contemplaciones. Léanla si quieren por los vericuetos asombrosos de la trama, por el ritmo apabullante, por el poder visual del autor (hay escritores que usan las palabras como una cámara de cine, y Javier Márquez es uno de los mejores en esto), por el suspense in crescendo que continúa página a página, pero léanla. Y si todas estas razones no les parecen suficientes, entonces añadiré una más: léanla por el entusiasmo sin límites que Javier Márquez ha puesto en ella. En otras palabras: si él se ha dado el placer de contar esta historia, no sean ustedes menos y regálense a sí mismos el placer de leerla.

 

FANTASMAS EN LA NIEBLA – DIEGO MARTÍNEZ TORRÓN.

FANTASMAS EN LA NIEBLA.

AUTOR: Diego Martínez Torrón.

EDITORIAL: Algaida.

ISBN: 978-84-9877-303-3

Nº DE PÁGINAS: 120.

Reseña realizada por Alberto Díaz Villaseñor.

Publica, en Algaida Poesía, Diego Martínez Torrón su último poemario. Y decir último alude no sólo a la pertinente temporalidad editorial sino a la intención confesa del autor de que “Fantasmas en la niebla” sea, en efecto, su última producción poética. Marcado por la tragedia del trágico y súbito fallecimiento de su esposa, “Fantasmas en la niebla” es algo más y mucho más que una jaculatoria fúnebre, es un compendio sorprendente y magnífico –en sentido etimológico- de conceptos y definiciones, de declaración de intenciones y posicionamientos. Un posicionamiento, una toma de postura, valiente, política y poéticamente incorrectos, sobre el amor y la muerte, sobre la cultura y el arte, sobre la universidad, y sobre la poesía misma y la literatura.

“Fantasmas en la niebla” es ante todo un auténtico trompe l’oeil en el cual la engañosa proporción de la sencillez formal, en algunas ocasiones, se contrapone a la carga conceptual, en todo momento profunda, que surca cada página.

Arranca Martínez Torrón con unos versos a modo de haikus de imperfecta morfología pero de impecable intención para abundar después en una multiplicidad armónica de ritmos y métricas que incluyen igualmente la reflexión en prosa poética. Los textos aparecen todos datados entre julio y agosto de 2007, escritos con ocasión de cierto feliz viaje familiar a la costa sur de Inglaterra, excepto el titulado “Teoría de la Literatura”, fechado en diciembre de 2008. En el tono general, muchas veces de sensible sencillez, uno llega a toparse con algunos de los más hermosos decires de amor que haya leído últimamente (Mi sien/ sobre tu sien./ Y entonces/ siento/ latir/ el universo.)

Cuenta la obra con tres prólogos muy acertados: en un primer momento, una interesante poética de Shelley, a continuación varias estrofas de Antonio Machado y, finalmente, un comentario de Gustavo Martín Garzo que abunda en la lucidez y sencillez de los versos y en su serena belleza. Para Shelley, nos recuerda Martínez Torrón, “el poeta participa de lo eterno, lo infinito y lo uno” y la poesía “es a la vez centro y circunferencia del conocimiento, raíz y flor de transformación de cualquier otro sistema de pensamiento”. Y Machado nos dice que “todo poeta supone una metafísica (…) y el poeta tiene el deber de exponerla (…) en conceptos claros.”

Nos entrega Diego Martínez Torrón un libro extremadamente sincero como lo denota un afán casi obsesivo, apasionado, de definir las cosas, las ideas, los conceptos, las teorías: desde los temas ya citados hasta un acertadísimo análisis de la Música, a la que llega a dedicar seis poemas de una profundidad y compromiso inusitados.

Todo lo dicho nos conduce a contemplar con perplejidad un poemario, como es “Fantasmas en la niebla”, que creíamos enfocado únicamente al universal tema del amor por el amor y al desgarro que produce la muerte de la persona amada. Por eso, otra vez el trompe l’oeil, el trampantojo de una perspectiva errónea, nos hace darnos de bruces con el impúdico y desenvuelto desnudo de un poeta que nos exhibe la pasión por sus convicciones más íntimas y nos expone, a veces con cierta radicalidad fruto de la sinceridad sin ambages, ante la franqueza descarnada de su pensamiento.

Por último, y no podía ser de otra forma, “Fantasmas en la niebla” es por su puesto una declaración de amor, o varias declaraciones de amor: al amor malogrado en plena madurez y felicidad, al Romanticismo y al Romanticismo inglés, a la lengua inglesa y la Albión civilizada y civilizadora, y a la cultura como redención del ser humano.

 

DIMES Y DIRETES By Anita Noire – La nueva sección de Más que palabras.

Empezamos la nueva temporada en Más que palabras y con ella, una de nuestras nuevas secciones; “Dimes y diretes” a cargo de la gran Anita Noire, que cada semana nos dará su particular punto de vista sobre la actualidad literaria. Aquí os dejo la primera entrada. ¡Que disfrutéis!

SETMANA DEL LLIBRE EN CATALÀ.

Por Anita Noire.

Si las noticias tienen que ser frescas como el pescado, la mía es una merluza con los ojos de Bette Davis. El pasado viernes, nueve de septiembre comenzó la “Setmana del Llibre en Català”, de la cual podremos gozar hasta el próximo día dieciocho. Así que, si el tiempo acompaña, bajarse a la feria, que retorna un año más al Parc de la Ciudadella, puede ser un plan monumental: paseíto entre libros, saludito a los escritores, regañinas a los editores, aperitivo por el Born y, si se tercia, paellita frente al mar. Pero como septiembre es traidor, y las lluvias amenazan todo evento que se presente en este mes, no olviden coger el paraguas por si las “flyes” para que una tormenta de verano tardío no les mande al guano una bonita jornada en la que podrán acceder a los libros de siempre, a las novedades editoriales y a respirar cultura por todos los lados.

Dicen que este año el ambiente está calentito, casi tanto como un plató con la Esteban y la Campanario. Y es que no hay evento cultural que se libre, que no libro, de cierta polémica. Esperemos que la de este año sea tan simpática como discutir sobre la temperatura de las cervezas que vendan los chiringuitos aledaños al evento, pero me temo que no va a ser esa. Así que para animar el cotarro y teniendo en cuenta la que está cayendo por estos lares con el tema del catalán, vaya que les dejo unas preguntitas formuladas para que, entre berberecho y berberecho, las vayan pensando:
¿Es literatura catalana sólo la escrita en catalán? ¿Es literatura catalana la escrita en cualquier lengua distinta al catalán mientras la escriba un autor catalán? ¿Es literatura catalana la escrita en catalán por un autor no catalán? ¿A quién se considera autores catalanes? Pues bien, ahora que ya les he dado la mecha para la bomba, vayan calzándose los zapatos de paseo y láncense a la calle, los libros escritos en lengua catalana ya están aquí. ¡Ah! y pueden dejar sus cositas pero sin insultar a nadie porque este es un lugar de paz y concordia.

SEMANA NEGRA DE GIJÓN 2011.

Todo el que ha estado alguna vez en la Semana Negra de Gijón lo recuerda con gran cariño y sobra decir que desea repetir un año tras otro. Este año yo no pude acudir por diversos motivos, pero eso no impidió que pudiera enviar a uno de los magníficos colaboradores de Más que Palabras, que, además de gran escritor, ha resultado ser un estupendo cronista. Pero dejemos que él nos lo cuente…

 

TRES DÍAS BAJO LAS BALAS: MI SEMANA NEGRA DE GIJÓN.

por Antonio Calzado.

A lo largo de la vida, este servidor de ustedes ha tenido días negros, como cualquier hijo de vecino. Incluso se podría hablar de meses negros o años negros… Sin embargo, nunca había conocido una experiencia literaria tan intensa y divertida como la Semana Negra de Gijón. Me explicaré un poco, especialmente para aquellos que han enarcado otro poco las cejas. Pero antes que nada, quiero darle una vez más las GRACIAS con mayúscula a Celia Santos por haberme brindado la oportunidad de ir a Gijón. ¡Un beso muy fuerte, guapísima!

Primero, algo de historia: la Semana Negra viene celebrándose en Gijón desde hace dos décadas de la mano de su fundador-director: nada menos que Paco Ignacio Taibo II (más conocido extraoficialmente como Il Capo di Tutti Capi, buscad, buscad en la Wiki). Este asturmexicano infatigable -y, según se dice, dotado con cierta ubicuidad que le permite estar al mismo tiempo con un whisky en la terraza del Don Miguel y presentando un libro en la Carpa principal- ha cuidado con esmero a la Semana Negra hasta convertirla en lo que hoy es: pasando desde unas modestas jornadas para escritores policíacos hasta convertirse en uno de los más importantes festivales literarios de Europa y del mundo. Y esto lo afirmo sin exagerar ni mijita, como se dice en mi tierra.

Sin embargo, no es su éxito multitudinario lo que más me atrae de la Semana Negra, aunque no esté mal eso del éxito, ¿verdad? Pero sin duda lo que más me gusta de todo es su espíritu igualitario y por qué no decirlo, revolucionario. Esto quiere decir que aquí somos todos igualmente bien tratados: desde galácticos como Elia Barceló, Carmen Posadas o Fernando Marías, hasta el principiante que acaba de editar su primera novela. Da igual que hagas género fantástico, juvenil o policíaco, que edites aquí o allá –o que no edites-, que seas de Pamplona, de México o de Jerez de la Frontera: la legendaria hospitalidad astur y el calor de tus colegas escritores –y de prensa, y de organización- no te van a faltar jamás. Porque aquí somos todos, más que nunca, colegas y amigos.

Se podrían rellenar docenas de folios en Times New Roman del 12 detallando las incontables actividades de la Semana Negra: presentaciones de libros, mesas redondas, conciertos, exposiciones de cómics… Como esto es inviable en una crónica que pretende ser sucinta (y como todas estas actividades vienen detalladas en A Quemarropa, diario oficial de la Semana Negra) no me extenderé más aquí. Pero sí me gustaría compartir muy brevemente mi experiencia personal.

Viajé hasta Madrid en solitario, sin tenerlas todas conmigo: no conocía prácticamente a ninguno de los participantes, y no dejaba de preguntarme qué hacía un chico como yo en un sitio como la Semana Negra. Pero ya en el hall del hotel diviso a lo lejos un póker de ases formado nada menos que por Javier Negrete, Rafael Marín, José Luis Zárate y Juan Miguel Aguilera, ahí es nada. Tras ciertas vacilaciones, este cronista se acerca a Rafa Marín (al que venera como a un ídolo tibetano desde que leyó Lágrimas de Luz hace veinte años) iniciando una tímida conversación y más cortado que una mona. El gaditano responde con su socarronería y buen humor habituales, y al instante me siento adoptado, uno más de la familia. El hielo se ha roto; tal cosa suele ocurrir pronto en la Semana Negra.

Al día siguiente hicimos el trayecto Madrid-Gijón en el legendario Tren Negro, que marcha a paso de tortuga precisamente para que escritores y demás personajes indeseables se conozcan mejor y se pongan al día de la actualidad sin ninguna prisa: paramos en Mieres, donde nos agasajaron con música (incluido un gaitero con rastas, detalle intercultural donde los haya) y nos hicieron desfilar por toda la villa marcando el paso de la oca, antes de comer. En una palabra: genial.

Ya en Gijón, nos repartieron por diversos hoteles bastante buenos: a mí me tocó el Pathos, con una foto de Bob Dylan en la puerta de la habitación. Después fuimos al ayuntamiento y, tras recepcionarnos (sé que suena horrible, pero esa es la palabra) con mucha amabilidad el concejal correspondiente, pudimos visitar por fin las carpas que iban a ser prácticamente nuestra segunda casa durante diez días. Porque la Semana Negra de Gijón es la única semana del mundo que dura diez días, y que además no comienza en Gijón, sino en Madrid. No está mal como concepto original, ¿verdad?

Bueno, pues a partir de ahí la cosa fue más o menos como en la célebre canción: rodar, rodar y rodar. ¡Qué lástima que tuviera que marcharme el lunes! Nunca olvidaré las veladas en el Don Miguel, lugar de encuentro y solaz de todos los peripatéticos apasionados por la literatura. Me he dejado muchos amigos en Gijón…

Mención especial para mi compañero de habitación, el gallego Diego Ameixeiras, que soportó heroicamente y con buen humor mis ronquidos durante tres noches. Y qué decir de Elia Barceló, que me demostró que se puede ser una excelente escritora y todavía mejor como persona. Por no hablar de Javier Márquez o Rafa Marín, dos agujeros sureños imbatibles en el concurso de karaoke. No quiero olvidar la representación argentina: Miguel Molfino, del que ya me considero un amigo entrañable, y Kike Ferrari, intrépido porteño capaz de hablar por seis y beber por doce. También quiero mandar un abrazo para Paco Gómez Escribano (¡no dejes nunca de documentarte, Paco!) y para los dos ingleses más enloquecidos que jamás hayan pasado por Gijón: Ian Watson y Steve Redwood. Y sigo dejándome amigos en el tintero: María Zaragoza, Alberto López Aroca (albaceteño de pro con el que cerré el Don Miguel un par de noches) José Luis Zárate (todavía tengo el patito, Zárate) Toni Hill, Fritz Glockner (¿a que no parece mexicano?) Emilio Bueso, Susana Vallejo, Carmen Posadas, Jorge Ivan Árgiz y más y más y más…

En resumen, heroicos lectores que hayáis llegado hasta aquí: en este punto me despido terminando esta crónica tan caótica (sí, un poco como la propia Semana Negra) y enviando un fuerte abrazo a todos los participantes, no olvidando a los chicos de prensa y organización, sin los cuales nada es posible. Y ahora descubro que siento una envidia enorme por los que se han quedado disfrutando de la Semana Negra de Gijón hasta el domingo 31… Porque, señoras y señores, hay que decirlo de una vez bien alto y claro: ¡qué poca vergüenza tienen estos escritores!

ANEXO: algunos libros que se presentaron en los primeros días de la Semana Negra de Gijón 2011: la mayoría me los traje a casa firmados por sus autores, unos pocos no pude pillarlos, y si me olvidé de alguno… entonces que Dios me proteja, porque las venganzas de los escritores suelen ser terribles:

Los Rebeldes de Crow, de Javier Márquez.

El Círculo Alquímico, de Paco Gómez Escribano.

La Ciudad Enmascarada, de Rafael Marín.

Dime algo sucio, de Diego Ameixeiras.

Sherlock Holmes y los Zombis de Camford, de Alberto López Aroca.

El Jardín de las Delicias, de Ian Watson.

Cementerio de Papel, de Fritz Glockner.

El niño de Samarcanda, de Rafael Marín.

Que de lejos parecen moscas, de Kike Ferrari.

Dicen que estás muerta, de María Zaragoza.

El retorno de los Tigres de Malasia, de Paco Ignacio Taibo II.

Ciudad sin estrellas, de Montse de Paz.

Diástole, de Emilio Bueso.

El Verano de los Juguetes Muertos, de Toni Hill.

Cabaret Pompeya, de Andreu Martín.

Los pingüinos también se ahogan, de Steve Redwood.

El Espíritu del Último Verano, de Susana Vallejo.

Todos estos libros son buenísimos y hay que leerlos, o por lo menos comprarlos. Como veis, amados lectores que mantenéis con vida nuestros inventos, no me va a faltar literatura de calidad en los próximos meses. ¡Un abrazo!

 

 

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Foto NA-AL

Premio de Novela Ateneo de Sevilla 2011 para Alfonso Domingo.

Premio de Novela Ateneo de Sevilla 2011.

 

Hace escasos minutos se ha fallado en Sevilla, en los Reales Alcáceres, el Premio Ateneo de Novela 2011, que ha recaído sobre el segoviano Alfonso Domingo, periodista y escritor con títulos anteriores como La madre de la voz en el oído, La estrella solitaria (VII Premio de novela Ciudad de Salamanca) o El ángel rojo. Ha trabajado en diversos diarios y medios de comunicación nacionales.

El Ateneo Joven ha ido a parar a la asturiana Leticia Sanchez, periodista y escritora
ganadora anteriormente del IX Premio Internacional Emilio Alarcos LLorach de Novela con el título Los libros luciérnaga.

 

 

LA MISMA SANGRE, GANADORA DEL V PREMIO INTERNACIONAL DE NOVELA NEGRA CIUDAD DE CARMONA.

El autor mexicano Remis Saucedo, ganador del V Premio Internacional de Novela Negra Ciudad de Carmona con la novela “La misma sangre”.


Anoche, 24 de junio, tuvo lugar en la capilla de San Pedro de la ciudad de Carmona la ceremonia de entrega del V Premio Internacional de Novela Negra Ciudad de Carmona, que en esta ocasión recayó en el autor mexicano Remis Saucedo, con su novela “La misma sangre”.

El Jurado, formado por el editor y escritor Javier Ortega, el escritor Antonio Calzado y la periodista y gestora cultural Celia Santos, ha estimado según recoge el Acta que “se trata de una obra que conjuga con rara maestría la dureza de determinados ambientes con un lirismo casi exacerbado. Una novela negra que no responde sin más al arraigado cliché de la literatura anglosajona y logra innovar el género con un retrato del México reciente tan veraz como impactante, con una saga familiar como hilo conductor.”

“La misma sangre” es una novela singular, con ecos de autores tan renombrados como Roberto Bolaño o el propio Juan Rulfo. Un viaje entre dos continentes, a veces caótico y sádico, que con un aguzado toque de humor negro atrapa hasta el final a quien inicia su lectura y permite apreciar la hondura y pericia narrativa de su joven y talentoso autor, de tan sólo 27 años de edad.

La trama de la novela comienza cuando su protagonista, Félix Berdayes, quien vivía en España con una bien ganada armonía vital, es llamado desde México para comparecer ante las autoridades de su país natal. El motivo, la horrenda masacre de los miembros más cercanos de su familia; un crimen que, por lo truculento y sanguinario, parece en primera instancia perpetrado por un comando del narcotráfico. Con el discurrir de la trama, el lector, acompañado en el trayecto por las voces de vivos y muertos, se irá adentrando en una saga familiar marcada por la amistad, la traición, la codicia o la venganza, en la que poner distancia de por medio no siempre significa borrar el pasado ni eludir con éxito los azares del destino.

En la presente edición del certamen auspiciado un año más por el Ayuntamiento de Carmona y la editorial Almuzara, que publica la novela ganadora, han concurrido 82 originales, procedentes tanto de España (42) como de Hispanoamérica (40). Entre los ganadores de anteriores ediciones se cuentan nombres tan relevantes del género negro como el argentino Guillermo Orsi (“Nadie ama a un policía”), Antonio Lozano (“El caso Sankara”), el cubano Amir Valle (“Largas noches con Flavia”) y José Luis Muñoz (“La Frontera Sur”).

Ángel Remis Saucedo nació en México, Distrito Federal, en junio de 1984. Hijo de padre asturiano y madre mexicana de ascendencia vasca, tras cursar el bachillerato decide viajar a España con intención de estudiar Historia en Oviedo. En tanto se presenta al siguiente examen de Selectividad se le abre la puerta del Ejército, la misma que le conducirá en un viaje de cuatro años a dos misiones humanitarias, en Kosovo y Mostar respectivamente. Tras su paso por el Ejército recala en Córdoba, y funda y dirige la Revista de Alternativas Literarias y Teatrales Café con Letras, donde publica numerosos relatos y ensayos. “La misma sangre” es su primera novela, y actualmente vive de nuevo en México, donde ultima la escritura de su segunda obra.