DSCF2825Un año más, el Premio Planeta, la cita literaria por excelencia, tuvo lugar anoche, 15 de octubre. Invitados ilustres de las letras, la política y la vida social se dieron cita en el Palau de Congresos de Catalunya. Como cada año, días antes ya se habían barajado nombres, entre ellos el de Javier Sierra y Elvira Lindo, que parecen los comodines de cada edición para despistar al personal. Los rumores estaban en el aire. Es más, ya se daba por hecho. Incluso hubo algún medio de comunicación que publicó el nombre del ganador al menos media hora antes del fallo. Es lo que tienen estos premios, que si no se especula parece que pierden buena parte de su encanto.

Pero quinielas aparte, la velada transcurrió al más puro estilo Hollywood, con presentadora de postín, pantallas gigantes y proceso eliminatorio durante la cena. Al final, y a eso de la media noche, los miembros del jurado subían al escenario para anunciar los nombres del ganador y el finalista; jurado compuesto por Juan Eslava Galán, Pere Gimferrer, Rosa Regás, Alberto Blecua, Ángeles Caso, Carles Pujol y Carmen Posadas, esta última la encargada de abrir el sobre y revelar el nombre del ganador, que recayó en el barcelonés Eduardo Mendoza y su novela Riña de gatos; Madrid 1936, que se presentó bajo el título La muerte de Acteón y el seudónimo Ricardo Medina. Una novela que, curiosamente, transcurre en Madrid, lejos de lo que el autor tiene acostumbrados a los lectores ya que la mayoría de sus obras se desarrollan en Barcelona. La historia cuenta la llegada de un inglés experto en arte que llega a la capital semanas antes del inicio de la guerra civil y que coincide allí con un personaje histórico real.

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El finalista fue para la valenciana Carmen Amoragas, y su obra El tiempo mientras tanto que presentó con el título La primera vez no te conocí y bajo el conradiano seudónimo de Lord Jim, y que habla de una madre y una hija que no tienen buena relación y que recuperan los lazos que las unen a raíz de un accidente grave en el que la hija queda en coma.

Eduardo Mendoza declaró que su estilo no ha cambiado, pero que intenta evolucionar, no sabe muy bien hacia dónde. De hecho declaró que escribe sus novelas para ver cómo terminan. La suya, dijo, es una novela de aventuras; clásica e intelectual, pero también con cierto toque político, al estar situada en un momento concreto de la Historia. Y como es habitual en él, el humor está presente, incluso en los momentos más trágicos.

Por su parte, Carmen Amoragas dedicó el premio a su abuelo, un pastor que apenas sabía leer pero que guardaba todo lo que sobre ella se publicaba. Gestada durante su embarazo y maternidad, dijo haber tardado mucho tiempo en redactarla. Una historia donde una madre se da cuenta de que su hija no la conoce como mujer, sino como madre únicamente.

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En su larga trayectoria Eduardo Mendoza tiene títulos como La verdad sobre el caso Savolta, El misterio de la cripta embrujada, El laberinto de las aceitunas o Sin noticias de Gurb, entre otros.

Carmen Amoragas fue finalista del Nadal y ganadora del II Ateneo Joven de Novela con la obra Para que nada se pierda.

La noche transcurrió así sin incidentes, pero también sin sorpresas. Tal vez la única, la alta calidad del ganador.