100629 Foto Portada Gay TaleseRETRATOS Y ENCUENTROS – GAY TALESE.

Autor: Gay Talese.

Editorial: Alfaguara.

ISBN: 978 84 2040 602 2.

Nº de páginas: 312.

Reseña realizada por Eduardo Cruz Acillona.

DOMINGO POR LA MAÑANA. Leo una entrevista en El País con Tommasso Debenedetti, presunto periodista freelance (en realidad, tiene el título de publicista), en la que confiesa haber vivido los últimos diez años de su vida profesional publicando en diferentes diarios falsas entrevistas con personajes de primera fila, desde el Dalai Lama hasta Gorvachov, pasando por varios premios Nobel de Literatura, Noam Chomsky, Joseph Ratzinger (antes de convertirse en Benedicto XVI), etc… Para más inri, se enorgullece de ello. “Me gusta ser el campeón italiano de la mentira”. Y lo que es peor: afirma que lo hacía con el beneplácito, la complicidad y el aliento de los propios editores de dichos diarios.

Me avergüenzo de una profesión que utiliza su código deontológico a modo de papel higiénico, una profesión cuya metáfora del éxito es la visión de una vena hinchada en el cuello del prime time de televisión, una profesión en la que no se contrasta la noticia, que no reacciona cuando no se admiten preguntas en las ruedas de prensa, una profesión en la que todo vale mientras los ingresos de la empresa editora sigan en aumento.

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DOMINGO POR LA TARDE. Me reconcilio con mi profesión desde la primera página de “Retratos y encuentros”, del periodista (sin el “presunto” delante) Gay Talese, un conjunto de reportajes escritos desde los años sesenta para Times, Esquire, Harper’s Magazine o The New Yorker y rescatados ahora por Alfaguara.

Gay Talese, reconocido hasta por el propio Tom Wolfe, es el pionero del llamado Nuevo Periodismo. ¿Y qué es el Nuevo Periodismo? Pues el periodismo de toda la vida, el de verdad, el que contrasta la noticia, el que pelea hasta la extenuación para encontrar el único adjetivo que encaja perfectamente en cada frase, el que se documenta, el que recopila la mayor información posible y luego la traslada al papel de tal manera que cualquiera (“hasta tu abuela”, decía el director de un periódico económico) pueda comprenderlo…

Gay Talese se levanta cada mañana al lado de su esposa. Sube al cuarto piso de su casa y se viste “como si fuera a ir a la oficina”, con traje y corbata. Luego baja al sótano, donde tiene instalado su despacho, coge un zumo de naranja de su frigorífico, cambia su traje por unos cómodos pantalones y un suéter (y, en invierno, una bufanda), y se pone a escribir. Primero a mano y después, sólo después, a máquina. No usa el ordenador porque él mismo se obliga “a escribir despacio”. Al final de la mañana, el resultado de su trabajo es un folio. Nunca más de un folio. Después del almuerzo, continúa trabajando sobre lo escrito. Y sólo cuando está totalmente conforme con el texto, lo pasa al ordenador. Cuando sale a documentarse, escribe sus anotaciones y sus impresiones en unas páginas confeccionadas a partir de los cartones que vienen envueltos con las camisas. Los corta a la medida de los bolsillos de su chaqueta y les redondea las puntas para que no se la estropeen.

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Talese es metódico como un oficinista, meticuloso como un científico, exquisito como un poeta, incansable como un artista. Te transporta a la escena en la que transcurre su relato y hace que parezca que lo estés viviendo en primera persona.

Si te habla de “Nueva York, ciudad de cosas inadvertidas”, te cuenta que los neoyorquinos “se tragan cada día 460.000 galones de cerveza, devoran 3.500.000 libras de carne y se pasan por los dientes 34 kilómetros de hilo dental”.

Si te cuenta que “Frank Sinatra está resfriado”, sigue a la estrella de la música a sus ensayos, departe con todas y cada una de las personas que le rodean, visita los clubs que frecuenta La Voz y te desvela anécdotas que otros pagarían millones por conocer en exclusiva.

Y si te habla del boxeador Floyd Patterson, “El perdedor”, te describe la sensación de un nocaut (un K.O.) con la misma sutileza y emoción que si te estuviera narrando el inicio de la primavera…

Son sólo tres ejemplos. Los tres primeros relatos del libro. Después te encontrarás con Peter O’Toole, con Hemingway, con un escritor de necrológicas (“Don Malas Noticias”), con Fidel Castro y con decenas de seres anónimos que tienen una historia que merece ser contada. Así, hasta un total de catorce relatos que acaban con “Paseando a mi cigarro”, donde reivindica el placer de fumar, el placer de pasear a sus perros fumándose su cigarro nocturno, “de cuyo humo brota todas las noches mi paranoia, que no se esfuma ni cuando le doy la última fumada y arrojo a la calle la colilla, indicándoles a los perros que el paseo al aire libre de por las noches ha tocado a su fin”.

¿Nuevo Periodismo? Llamémosle como queramos pero, por favor, que este libro no falte en las Facultades de Comunicación ni en la biblioteca de todo aquel que ame las palabras y las historias bien contadas.