PRESENTACIÓN DE “LA FRONTERA SUR” Y “OTRO DÍA EN EL PARAÍSO” EN LA LIBRERÍA NEGRA Y CRIMINAL.

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Que la librería Negra y Criminal es toda una institución en lo que a novela negra se refiere, eso lo saben hasta los muertos, nunca mejor dicho. Si además al local, con sus Barbies asesinas, sus carteles de Humphrie Bogart en gabardina y su réplica del Halcón Maltés, le añades a dos escritores del género como son Jose Luis Muñoz y Leo Coyote, creo que no se puede pedir más.

La cita era a la una de la tarde. La librería ya estaba llena de gente cuando llegué, es lo que tienen las ofertes del 2X1, que te las quitan de las manos.

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Allí estaba mi paisano, Jose Luis Muñoz, vino tinto en mano, por aquello de conservar la reputación. Una vez dentro del local, un poco apelotonados y pegaditos, por aquello de cogernos un poco de cariño, la presentación fue un fuego cruzado de elogios y alabanzas hacia el contrario, pues en este caso los dos autores se presentaban mutuamente sendas obras. En el caso de “La frontera sur”, una historia de fronteras, pobreza, de el primer y el tercer mundo. “Otro día en el paraíso”, una novela urbana, con personajes peculiares y según palabras de Muñoz, muy muy divertida.

La presentación fue breve pero intensa. Total, si un libro es bueno, para que alargase en lo que ya es obvio, mejor que los presentes lo lean.

A continuación, la firma de ejemplares por parte de los autores. Por suerte, yo llevaba conmigo los dos ejemplares que ellos me firmaron muy amable y cariñosamente. He de reconocer que tDSCF1766engo una leve adicción a los libros autografiados (por sus autores, Eduardo, no por los intrusos).

Habíamos quedado para, después de la presentación, ir a la Barceloneta a comer una paella. Lo que en un principio sería una mesa para ocho personas se convirtió en diecinueve, lo cual estresó a Don Paco, el dueño del restaurante, que, aunque cabreado como una mona al principio por el leve aumento de los comensales, después fue muy amable, ya que nos colocó el toldo para el sol y finalmente acabó pidiendo a los anfitriones un ejemplar de su libro… para su mujer, que le gustan estas cosas.

Entre calamares, paella, Chardonnay y sorbetes de vodka, la sobremesa se alargó hasta casi las seis y media de la tarde. La compañía era inmejorable, incluso una de las acompañantes se atrevió a cantar una habanera tras los postres. Ya se sabe que el alcohol matas las penas y la vergüenza.

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Una presentación como pocas a las que he asistido, buena compañía y un día fabuloso. ¿Se puede pedir más? Sí, que los autores lo vendan todo.