ENTREVISTA CON NEREA RIESCO
Nerea Riesco es una mujer guapa, mucho. En un primer vistazo cualquiera se volvería a mirar su ojos negros y su hermosa mata de pelo. Pero cuando se la conoce, os aseguro que es tan guapa por dentro, que os olvidaréis de de su belleza exterior. Una escritora auténtica que nos contó muchas cosas de su última novela, “El elefante de marfil”.
Entrevista realizada por Celia Santos.
Una bonita historia de amor ¿Cuánto has tardado en escribirla?
Suelo tardar una media de un par de años. Dedico el primero a documentarme y el segundo a la redacción de la obra. Escribir una novela se parece un poco a cocinar. Si te equivocas en la medida de los ingredientes a nadie le gustará tu plato. Con El elefante de marfil he utilizado una onza de misterio, una pizca de romanticismo, dos cucharaditas de historia, un chorrito de ajedrez… y lo he cocinado a fuego lento.
Cuéntame cómo nació, que fue lo que encendió la chispa para escribir El elefante de marfil.
La idea surgió cuando llegaron a mis manos unos documentos que hablaban de un terrible terremoto que desmanteló Sevilla en 1755 y dañó seriamente la Giralda. Fue el famoso “Terremoto de Lisboa”. Causó más de cincuenta mil muertos y provocó un maremoto que asoló Cádiz. En aquellos tiempos la escala sismológica de Richter no era utilizada pero se ha llegado a la conclusión de que tuvo una magnitud 9.0, comparable con el tsunami de 2004. Imaginando el desastre se me dibujó en la mente el comienzo de la novela
¿Has descubierto una nueva Sevilla mientras te documentabas para la novela?
Absolutamente. Existe una Sevilla hermosísima que queda opacada tras la belleza esplendorosa de la Sevilla monumental. El lector de El elefante de marfil se encontrará con la Sevilla del siglo XVIII más tradicional y atractiva, pero también descubrirá rincones que muchas veces nos pasan inadvertidos, como la propia plaquita de mármol que hay en el templete de la plaza del Triunfo, en la que se describe el desastre del terremoto. Pocos saben que la plaza se llama precisamente así por el “triunfo” sobre el terremoto.
¿Te has reenamorado de la ciudad?
Has utilizado la palabra adecuada: reenamorar. Y es que, como en el amor, uno tiende a habituarse, a quitarle importancia, a dejar de ver las maravillas, los valores, los encantos de lo que tenemos diariamente al alcance de la mano. A veces hay que hacer un ejercicio de “reenamoramiento” y observar con “ojos ajenos”. Mientras escribía la novela, paseaba por las calles haciendo lo que yo llamé: la ruta de El elefante de marfil y descubrí que cada rincón de Sevilla tiene una historia que contar.
La situación política de España a principios del siglo XIX está muy bien dibujada. Aperturismo, influencias externas, ilustración… que chocaron con las medidas austeras de Fernando VII ¿Somos un pueblo al que sus mandatarios no han dejado evolucionar?
Hay muchos ejemplos a lo largo de la historia de mandatarios que no han dejado evolucionar a sus pueblos porque, de sobra es sabido que la cultura, la educación y el acceso a la información, por norma, empujan al ser humano a hacerse preguntas que pueden resultar incómodas para aquellos que viven apoltronados, mantenidos por sus súbditos. Es más fácil someter a un pueblo aborregado que a un pueblo culto y un pueblo aborregado es complicado que evolucione.
La novela reivindica los derechos de la mujer y la lucha por la igualdad ¿Somos desagradecidas con lo que hicieron nuestras antepasadas?
Yo creo que más bien somos “comodonas”. Nos conformamos con los que nos cuentan los libros de historia que, normalmente se escribieron por hombres, para que los leyesen hombres. Además, se suelen quedar en las generalidades. Ni todos los conquistadores eran tiranos, ni todos los inquisidores irracionales, ni todas las mujeres ceros a la izquierda. Lo bueno de la novela es que permite desagraviar a los olvidados de los libros de historia.
De hecho, la protagonista fue una mujer que consiguió salir adelante por ella misma…
Investigando más a fondo en los documentos que se imprimieron en Sevilla que hablaban del desastre del terremoto encontré uno delicioso. Estaba redactado en forma de romance y supe que se vendió como amuleto protector. Los hombres y mujeres lo llevaban siempre encima para preservarse de futuras réplicas. ¡Y se imprimió en el negocio regentado por una mujer! la viuda de López de Haro. Sí, sí… es totalmente cierto que una mujer fue generadora de opinión pública en mitad del siglo XVIII, en una ciudad como Sevilla.
Habla de una revista femenina editada en el siglo XVIII ¿Qué hay de cierto en eso?
Sólo las noticias “feministas” que digo que publican son reales. La revista es pura fábula.
¿No te dio miedo atreverte con el ajedrez, un recurso tan trillado en la literatura?
Desde que decidí que el escenario de mi novela sería Sevilla, me vino a la mente la imagen de la ciudad como un enorme tablero de ajedrez. Quise asemejar la conquista cristiana como si fuese una partida porque aparecía Alfonso X el Sabio, gran amante de ese juego. Además el ajedrez es la representación de una batalla en miniatura. No podía resistirme a utilizarlo. Es como la vida; con cada decisión que tomamos se nos abren múltiples posibilidades y tenemos que ser buenos jugadores para enfrentarnos al día a día.
¿Por qué crees que gustan tanto las novelas con tintes históricos? ¿Cuál es el secreto?
Es que somos “fisgoncillos” por naturaleza. Por eso nos gustan los libros de historia. Pero, como te dije antes, la mayoría de esos libros se quedan en las generalidades y creo que lo que más interés nos despierta es “lo que se queda fuera”. Es delicioso indagar en cómo se vestía para estar por casa Napoleón, o si realmente Cleopatra era muy seductora pese a que le olieran los pies. La novela histórica satisface ese interés; por eso gusta.
Pero sobre todo romanticismo, una fórmula que nunca falla. ¿Crees que una novela está incompleta sin una historia de amor?
El amor mueve el mundo. Y que conste que no me refiero simplemente al amor romántico. Existe el amor a la patria, a un Dios, al dinero… y por estas cosas el ser humano es capaz de dar su vida o arrancársela a sus congéneres. Vemos ejemplos todos los días en los informativos. El elefante de marfil es sin duda una novela de amor… y quería que así fuera. Amor romántico, pasional, incondicional… amor a la familia, amor a la gente que no lleva nuestra sangre y a la que queremos más que a los que la llevan… y a ese amor mal entendido que termina por convertirse en odio.
En lo referente a los personajes, obviamente las protagonistas son las mujeres. Una saga de mujeres fuertes que consiguen conducir su vida prácticamente sin la ayuda de los hombres…
Las mujeres siempre tienen mucha fuerza en mis novelas. Ya te digo que soy una defensora a ultranza de los olvidados de la historia… y somos unas grandes olvidadas.
Reconozco que me encanta que haya piratas, espadachines, pero sobre todo bandoleros que secuestras jóvenes hermosas ¿cómo consigues que no suene a tópico sino que el lector lo vea como algo romántico?
Bueno, es que la Sevilla de la época estaba plagada de personajes de ese calibre. Bandoleros que robaban a los ricos para dárselo a los pobres, que lucharon contra los franceses en las guerras de guerrillas, a los que el pueblo consideraba héroes. Había “bailaoras”, porque en Sevilla existía una escuela para educar artistas. La escena taurina que describo y el propio torero Costillares son reales. También paseaban por las calles un buen número de cigarreras… e ilustrados como Pablo de Olavide o Alberto Lista… o esclavos negros. No me invento nada.
Algunos escenarios son reales, como la imprenta de la viuda de Haro. ¿Hay algún personaje real en la novela?
Como bien dices, la viuda de Haro existió. El personaje de El Sabio Añejo está inspirado en un escritor anónimo y recalcitrante que firmaba sus textos como El filósofo rancio. Por supuesto los personajes históricos también existieron, e instituciones como la Orden de San Juan de Acre, de la que ya no quedan resquicios en la ciudad.
Impartes cursos de creación literaria ¿Te aplicas a ti misma los consejos que les das a tus alumnos?
Desde luego. Creo en el orden, la organización previa, la estructuración, el tener claro hacía dónde nos dirigimos y qué pretendemos escribiendo lo que estamos escribiendo. Desconfío abiertamente de todo aquel que me dice que se planta delante del folio en blanco sin saber qué anda buscando. Pero, sobre todo, les insisto en que no basta con el talento para ser escritor… también hay que ser constante. El escritor escribe, cada día. Si no lo haces, simplemente eres un diletante.
Cuando la escritora se convierte en lectora, ¿Qué tipo de literatura prefiere?
Yo siempre he dicho que escribo lo que me gustaría leer.
¿Dónde nos vas a llevar con tu próxima novela?
No, no… no te lo cuento, jajajajaja…
Muchas gracias, Nerea, y suerte con tu novela.
Gracias a ti.
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