LA PIEDRA DE LA PACIENCIA – ATIQ RAHIMI.
Autor: Atiq Rahimi
Editorial: SIRUELA (Nuevos Tiempos)
ISBN: 978-84-9841-288-8
Páginas: 114
Reseña realizada por Angi Sansón.
Atiq Rahimi, ciudadano francés desde hace 20 años, ganó el premio Goncourt 2008 con esta novela. Huyó de la invasión rusa en Afganistán y pidió asilo en Pakistán. Estudió literatura francesa en Kabul y, ya en París, se dedicó al mundo audiovisual, realizando películas, documentales y seriales. Realmente un escritor al que habrá que seguirle la pista. Su propia biografía resulta muy, muy interesante. “Laberinto de sueño y angustia”, otra de sus novelas, habla de su terrible vivencia durante la guerra.
En “La piedra de la paciencia”, “En un lugar de Afganistán, o en cualquier otro lugar”, una mujer reza y habla a su marido postrado sobre un colchón en el suelo, en estado de coma, a causa de una bala alojada en la nuca. Fuera, en la calle, se oyen disparos, gritos y, en ocasiones, se oye también el silencio.
Ella habla a su marido, aunque más que hablar, arroja sobre él toda su desesperación, todo su dolor, los deseos que tuvo, los sueños truncados y los secretos más inconfesables.
Su marido se ha convertido en su Sangue Sabur, en su “piedra de la paciencia”. Esta es, según una leyenda, la piedra sobre la que se puede volcar todo el sufrimiento, todos los secretos, las pasiones con las que carga un ser humano. La piedra absorbe toda la negatividad y la persona queda liberada.
Sinceramente, empecé a leerla con cierta reticencia. “Es una novela cortita”, pensé, aunque luego descubrí cuánta densidad y profundidad albergaban tan sólo 114 páginas.
Salvando todas las distancias posibles, tanto geográficas, como de momento histórico, me recordó mucho a la obra de Miguel Delibes “Cinco horas con Mario”. Si una nos hablaba a través del monólogo de una mujer dirigiéndose a su marido, aún de cuerpo presente, de una España provinciana, del conflicto de las “dos Españas” y de los más simples y vulgares conflictos de pareja, “la piedra de la paciencia” nos expone, a través también de la voz de una mujer que se dirige a un marido que no sabe si puede oírla o no, nos narra, decíamos, la estupidez de la guerra, el dolor que produce el fanatismo y la situación real de las mujeres en alguna parte del mundo, en cualquier parte del planeta donde persiste la falta de libertad, habla de ella misma.
Ella tiene miedo, mucho; pero es valiente, mucho también. Sus palabras son una liberación y para los lectores una forma de conocer una realidad que, a veces, sólo vemos de medio lado en las noticias de la noche.
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