LA PIEL AFILADA – JOSAN HATERO.
LA PIEL AFILADA. BESTIARIO DE AMANTES
AUTOR: Josan Hatero
EDITORIAL: Alfaguara
ISBN: 978-84-204-0546-9
Nº DE PÁGINAS: 232
Reseña realizada por Erotómana.
Josan Hatero en “La piel afilada” hace un intento de catalogar a los y las amantes en tipos tales como “Cenicientas”, “abandonados”, “enterrados”, “ausentes, “los que imaginan”… Es una clasificación que atañe tanto a distintas maneras posibles de enfrentarse al amor y/o compromiso, como a lo carnal.
Esas descripciones del comportamiento sentimental vienen intercaladas con declaraciones de personas a las que el autor ha entrevistado y cuentan el momento sentimental que viven. Me resulta muy llamativo que en este bestiario de amantes figuren sólo personas comprendidas entre las edades de veintimuchos y treinta y bastantes, lo cual ya deja un tanto incompleto este crisol.
Llaman mi atención el comienzo y el fin del libro. El comienzo, por una magnífica cita de Philip Roth: “Todas las mañanas me retuerzo en la cama, como en una pesadilla, pensando en lo muchísimo que no quiero a nadie”. Y el final por el relato titulado “el recopilador” donde el autor habla -¡por fin!- de sí mismo ya directamente.
Sin embargo paso a copiar una de las descripciones que más me interesaron porque en ella se explica una característica, al parecer relativamente habitual, en los amantes: la narcolepsia. Se trata de una peculiaridad que suele resultar muy espectacular y que se encasqueta, morbosamente, a algunas damas relevantes. Es conocido el rumor de que una de las reinas de papel cuché de la época actual sufre -o disfruta- de tal afección, pero, por lo que se ve, la cosa viene de atrás:
Narcolépticos
Debido a un problema de su sistema nervioso, la excitación sexual les provoca un inmediato y profundísimo sueño del que no se despiertan ni con el redoble de cien tambores (tal como comprobaron en un reciente estudio sexólogos de la Universidad de Denpasar). Por tanto, para completar el coito con uno de estos amantes, conviene situarse siempre encima y, aprovechando que la maquinaria está (por así decirlo) engrasada, cumplir con el fin primario de nuestros instintos. Este monólogo con un cuerpo inerte impasible a cualquiera de nuestros actos, provoca en el amante despierto una sensación de poder que algunos consideran es la esencia misma del sexo.
La primera referencia literaria a los amantes narcolépticos la encontramos en el manuscrito del siglo XV “La dulce muerte de la reina Ginebra” atribuido a Sir Thomas Malory. En este relato artúrico, la mítica reina simulaba quedarse dormida para incitar a los caballeros a desahogarse sexualmente con ella, incluso sobre la celebrada mesa redonda.
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