ENTREVISTA CON ÁLVARO COLOMER.

alvarocolomerÁlvaro Colomer es Escritor y periodista. Con “Los bosques de Upsala” cierra la “Trilogía de la muerte urbana” cuyos títulos anteriores son “La calle de los suicidios” y “Mimodrama de una ciudad muerte”. Es autor del libro de relatos “Se alquila una mujer: Historias de putas” y del libro del viajes “Los guardianes de la memoria” dónde hace un recorrido por los lugares más relevantes de Europa y con cuyo apartado dedicado a Chernóbil recibió el Award for Excellence in Journalism 2007.Conversamos con el sobre el gran problema social que es el Lucidio, tema de su última novela.

 

Entrevista realizada por Celia Santos

El suicidio y la muerte; dos temas muy recurrentes en la literatura. En tu novela lo tratas de una forma muy directa pero sin embargo hay momentos en los que no parece tan trágico…

Intenté escribir la historia desde el punto de vista de la pareja de un suicida, en este caso el marido, y no desde el punto de vista del suicida, porque la mentalidad de un suicida es una de las incomprensiones del ser humano, siempre desde el punto de vista de alguien que no ha intentado suicidarse nunca, por supuesto. La literatura no la ha prestado demasiada atención a este tema, precisamente por la dificultad y por el tabú social que implica. No entiendo por que los escritores no han profundizado más en esa faceta del alma humana.

Es un tema muy delicado. ¿Crees que puedes herir sensibilidades?

Desde hace unos diez años, existe un discurso en torno al suicidio que antes no había. Algunos escritores ya están recogiendo este discurso, porque la psiquiatría ya puede salvar casi al 90% de los suicidas, así pues, estos escritores ya pueden afrontar el tema desde una perspectiva que no sea tan catastrófica. Escritores como Arto Paasilinna, que publicó “Delicioso suicidio en grupo” o como Nick Hornby con “En picado” abordan el tema del suicidio de un modo directo pero le dan un giro respecto a las anteriores perspectivas que había sobre el mismo tema.

Algunas culturas tratan la muerte de forma diferente. ¿Deberíamos estar educados para ello? ¿Por ejemplo a los niños?

No es que haya que educar a un niño para la muerte. Hace cincuenta años en España se velaba a los difuntos en casa, y para todos, incluidos los niños, era algo normal. Si un niño desde pequeño ve que cuando alguien muere, el cadáver pasa dos días en casa, que lo están velando y se acostumbra a eso, al cabo de unos años lo tendrá completamente normalizado y comprenderá que la muerte es parte de la vida. El problema ahora es que el tema se aparta, se lleva a los muertos al tanatorio, se oculta, o se trata de un modo más distante para que toda la sociedad sea dinámica y no nos detengamos por la muerte. De hecho, si a un adulto de cuarenta años hecho y derecho le metes en casa a un difunto durante dos días para velarlo, estoy seguro de que tendría pesadillas y estaría incomodísimo.

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Foto Mauri Mayol.

¿Se puede llegar a desear la muerte del modo que la desea Elena, la protagonista?

Bueno, ella prácticamente no habla en toda la novela. En un momento dice “No se por que quiero morir pero no puedo dejar de desearlo”. Eso es lo que le pasa a una persona con depresión profunda y con pensamientos suicidas; no pueden dejar de desearlo, aun cuando preferirían no desearlo. Hay una estadística que dice que el 25% de las mujeres españolas toman antidepresivos, una barbaridad. En España se suicidan al año 3.500 personas y hay 2.400 accidentes de tráfico. Hay miles de campañas contra los accidentes de tráfico y no hay ninguna contra el suicidio que también es una muerte no natural. Por cada suicidio hay 30 personas que lo intentan, así tenemos a 100.000 personas al año que intentan suicidarse, sólo en España. A nivel mundial, el suicidio es la primera causa de muerte no natural, hay un suicidio cada 40 segundos, un homicidio cada minuto, y una muerte por conflicto bélico cada 35 horas. En Estados Unidos, el 15% de los accidentes de tráfico ocultan un suicidio

Esas cifras asustan, pero cuando alguien se lanza a las vías del metro, lo único que nos preocupa es que llegaremos tarde. ¿Los suicidas son muertos de segunda categoría?

Absolutamente. Escribí un documental de uso interno para el hospital Sant Pau de Barcelona en el que se daban las claves a lo médicos sobre cómo actuar ante un paciente con tendencia suicidas. En psiquiatría lo llaman la muerte ignorada. Hay muchos casos de suicidio en los que no se reivindica la causa de la muerte, sino que la familia lo oculta por el estigma social que supone. Hasta hace diez años los médicos de familia ocultaban los suicidios indicando en sus informes que se trataba de muerte natural, o de un accidente laboral. Es un tipo de muerte que la gente no quiere ver aunque la tenga delante de las narices.

Te has documentado mucho, sobre todo, como dices en los agradecimientos, has contado con la ayuda de Carmen Tejedor. ¿Qué has aprendido acerca del suicidio?

Sí, ella es una de las mejores expertas en el tema, al menos en España. Lo que he aprendido está prácticamente todo reflejado en el libro, en el discurso que da el psiquiatra en el capítulo dos. Pero si que he aprendido, primero, que el 90% de la gente con ideas suicidas se cura en tres meses con ayuda psiquiátrica. No hace mucho, en un barrio de Barcelona hicieron una campaña en la que invitaban a todos los agentes sociales, policías, curas, farmacéuticos, basureros, todo el que tuviera contacto directo con la gente, a todos ellos les dijeron que en el momento en que detectaran a alguien con algún síntoma de depresión, que le invitaran a acudir al hospital de Sant Pau. Se colapsaron. Con sólo una pequeña campaña y en un barrio muy concreto, descubrieron que podían ayudar a mucha gente y redujeron el índice de depresión de una forma brutal.

Otra de las cosas que aprendí con Carmen Tejedor fue, que el gran problema del suicidio en la sociedad es no hablar de ello, así una persona con tendencias suicidas, si a su alrededor no se habla del tema, él se cree un bicho raro y eso le hunde aún más en su depresión. Si empezamos a gritarle a la gente que hay muchas personas con tendencias suicidas, que no están solos, que no so bichos raros y que el 90% de ellos se pueden curar, entonces estaremos solucionando el problema. Al fin y al cabo es un problema de desequilibrio de serotonina en la gran mayoría de lo casos.

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Los medios de comunicación aún no reflejan esto, pero la literatura lo está empezando a afrontar de forma natural. Hay dos temas en los que los medios de comunicación pondrán especial atención a la hora de hablar de ellos, que son el boxeo y el suicidio, pues son dos actividades que pueden producir imitación, pero no es cierto; lo único que produce suicidio en la sociedad es no hablar de ello.

¿Crees que tu libro puede ayudar a alguien con tendencias suicidas?

Creo que sí, pero sobre todo a muchos familiares de personas con tendencias suicidas, que es lo que intentaba, porque el familiar del suicida que vive con ese estigma, que no encuentra apoyo gubernamental, que no puede cuidar a su familiar enfermo porque tiene que irse a trabajar y vivir con el miedo de que cuando vuelva a casa se encontrará un cadáver, esa persona sí que merece un reconocimiento.

¿Te has entrevistado con alguno de ellos?

Si, me he entrevistado con alguno de ellos, pero más con familiares de suicidas que con ellos directamente. Son entrevistas en las que tienes que ir con un grado extremo de respeto porque es un tema muy delicado. Tú haces una pregunta y te callas y dejas que él suelte lo que tenga que soltar. Son entrevistas muy complicadas porque sabes que todas las preguntas que hagas te van a parecer tontas, porque estás ante alguien que sabe que tú no comprendes lo que siente. Son personas cabreadas no sólo con el entorno, sino con la dificultad de no poder exteriorizar ese problema.

Consigues con 200 páginas y cuatro personajes, contar ya no sólo un problema social, sino que cuentas una de las más fantásticas demostraciones de amor que yo he leído en la literatura…

Han sido cuatro años los que he tardado en escribir esta novela, aunque entre medio escribí otro librito que me servía de desahogo, porque soy un poco salvaje a la hora de escribir. Si estoy escribiendo una historia dramática, me creo un ambiente apropiado para ello, algo psicológicamente negativo para poder reflejar eso en la novela. Entonces, para poder escapar de eso, por las tardes escribía “Los guardianes de la memoria” que salió hace un año y eso me permitía romper ese clima que estaba creando. Murakami dice que los escritores tenemos la facultad de bajar a los sótanos del inconsciente y volver a subir, que es donde está la gran dificultad, porque lo que les ocurre a muchos es que bajan y ahí se quedan.

A veces creemos que mucho tiempo para escribir una novela es sinónimo de libro de al menos ochocientas páginas. Tú demuestras que para escribir sencillo hay que saber hacerlo.

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Azorín decía que hay que escribir de tal modo que cuando el lector lo esté leyendo piense “yo también puedo hacerlo” y sin embargo cuando se ponga a hacerlo no le salga. Eso se consigue escribiendo durante mucho tiempo y con mucha calma.

Pero el tema requería que la narración fuese aséptica, sin florituras ni adornos…

Yo soy un amante de la literatura centroeuropea, que es una novela muy alambicada, muy confusa y muy filosófica. Pero cuando estás ante un tema como el suicidio, te planteas que bastante puñetero es el tema como para que encima hagas que la lectura sea difícil. Tenía que ser algo fácil de leer y muy dinámico. En primera persona, porque una historia tan claustrofóbica requiere que el narrador pueda volar con la mente en el tiempo y el espacio. De no se así, hubiera sido una novela muy estática y al lector se le hubiera hecho insoportable.

El protagonista es un entomólogo que encuentra el primer ejemplar de mosquito tigre en España. ¿Por qué este insecto en particular?

Es algo divertido. Cuando empecé a gestar la novela me encargaron un reportaje sobre el mosquito tigre, porque en aquella época aparecieron en Sant Cugat las primeras picaduras de este insecto. Entonces conocí a entomólogos que llevaban diez años buscando al mosquito tigre, y me pareció fascinante una profesión dónde un señor se dedica a buscar un mosquito por toda España. Y yo me preguntaba cómo se busca un mosquito, por dónde se empieza. Entonces me gustó la idea, porque era algo imposible, del mismo modo que es casi imposible encontrar los motivos de Elena para suicidarse.

Una vez finalizada la trilogía, ¿cual será tu nuevo trabajo? ¿Seguirás con el mismo tema?

No, ya he terminado la trilogía y la muerte tratada de forma tan directa ya se acabó. Ahora estoy con un proyecto de una nueva novela de corte bélico, pero no está enfocada hacia la muerte sino que es el funcionamiento interno de un batallón. Está basada en un hecho real y trata sobre la guerra en sí y sobre cómo funciona un ser humano dentro de ella.

Muchas gracias por tu tiempo y suerte con la novela.

Gracias a ti

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