Foto PortadaTras leer “ La última confesión”, he visto cómo otras personas, en el metro o en el autobús, leían el mismo libro. La opinión era unánime: ¡qué buena novela! En las librerías donde pregunté me explicaron que venía mucha gente pidiendo el libro.  A los pocos días, surgió la oportunidad de entrevistar a su autor, José Antonio Castro Cebrián, y lo primero que le pregunté fue:

 ¿Esperabas el éxito que ha tenido la novela?

Sinceramente nunca me había hecho esa pregunta. ¿Lo esperaba?, supongo que siempre se tiene esa esperanza, aunque en mi caso no he sido consciente hasta este momento.

Alguien que, como tú, es poeta, ¿cómo puede escribir escenas cargadas de agresividad como las que encontramos en “La última confesión”?

A veces la manifestación estética de la belleza que el poeta quiere trasmitir en sus creaciones es expresada con la suficiente agresividad como para estar “enmarcadas” en un cruento escenario. ¿Qué es más feroz que el amor?, ¿o más doloroso que el desamor?

¿Tienes autocensura en el momento de escribir?

Cuando escribo me gusta mirarme con otros ojos que no sean los del escritor. Dictamino sentencia sobre casi todo lo que hago en mi vida, lo que no significa que siempre ande corrigiendo o detrayéndome de lo que hago. Esto podríamos extrapolarlo cuando novelo, o releo lo que he escrito. Pero he de ser franco y decir que no soy de los que suelen “autocensurarse” en demasía en el momento de escribir.

Mencioné en la reseña la similitud con la película “El silencio de los corderos”, ¿casualidad?

Te podría dar dos contestaciones… En la primera de ellas te diría que es una casualidad, una total casualidad. No he visto la película a día de hoy y tampoco he leído el libro. En la segunda tendría que hacer una pequeña reflexión acerca de la casualidad. Creo que es posible que dos obras se parezcan, sean similares, ya que han podido nutrirse de las mismas cosas, de la misma realidad, aunque “no se hayan visto jamás”, por lo tanto, además de ser casualidad sería también algo totalmente normal.

¿Te gusta el cine? ¿Qué tipo de cine?

Me encanta el cine. Me gusta en especial el cine clásico, Hitchcock, el buen cine de terror, lo musicales, el cine europeo, un poco de todo. Te completo la respuesta contestando a la hipotética pregunta ¿qué tipo de cine no te gusta?:… no me gusta el cine que no dice nada, no me gusta el cine que es estúpido en su esencia, no me gusta el cine fácil, no me gusta el cine pretencioso, el que todo abarca, no me gusta el cine que dice ser para unos pocos…

¿Cómo meterse en la piel de un hombre atormentado y cargado de pecado como el sacerdote Eduardo?

Cuando se escribe y se pretende dar veracidad a unos sentimientos es imprescindible investigar sobre ellos, sobre todo si no se sienten como propios. Antes de meterme en la piel del padre Eduardo he intentado comprender desde sus propias entrañas como es esa alma enferma. Una vez que lo he hecho, es relativamente fácil darle credibilidad a tal monto de tormentos y delirios.

El amor y el desamor tiñen la novela como una densa niebla, ¿hasta dónde se puede llegar por amor?

Por amor dicen los estudiosos de “Cupido” que se han perdido guerras y conquistado mundos enteros. Personalmente creo que el amor nunca debería ser bandera en sucesos que justifiquen al odio, o a la sinrazón. No creo en la premisa que dice: “por amor se puede hacer de todo”. Desgraciadamente esto no es así, al menos en apariencia, aún hoy hay quien justifica al asesino que mata a su mujer equiparando los celos a un estadio del propio amor. Por amor se deberían cazar lunas al vuelo, no matar esperanzas ni asesinar sueños.

Hablas de amor homicida, ¿tú también eres de extremos?

No, para nada. Los extremos nunca son buenos, es algo que aprendí de muy jovencito. Como decían los clásicos, la virtud radica en la “justa medida”, la vía media entre dos excesos, o extremos. Una persona con valor, por ejemplo, es más válida que otra que es temeraria o por el contrario demasiada prudente. Lo que no se puede evitar a veces es caer en nuestra propia hipocresía y pecar de temerario cuando se necesita a un “kamikaze” al volante para llegar a tiempo al aeropuerto, o mirar de lado y girar nuestro orgullo hacia algún rincón escondido de nuestra alma cuando un grupo de vándalos apalean a un animal. Los extremos están ahí siempre, lo importante es “codearse” con ellos poquitas veces.

El amor de madre, ¿puede llegar a ser tan nocivo?ultimaconfesion

Cualquier amor administrado con soberbia, impuesto mediante el miedo, el respeto desmedido  o por la avaricia o los celos, es nocivo. No es puro. El amor de madre, si está infectado, puede ser mortalmente más doloroso y dañino que cualquier otro. De todas maneras el amor en general, o el desamor, es algo tremendamente difícil de constatar, hago mía la frase “para amar antes uno debe sentir el desamor, y para sentir el desamor uno debe sufrir el amor”. 

¿En algún momento encontraste un “punto muerto” escribiendo la novela?

Quizás suene presuntuoso si dijera que no, pero creo que, una de dos, o soy incapaz de recordar si existió alguna vez  un “punto muerto” escribiendo la novela, o simplemente es que no lo encontré. Disfruté muchísimo escribiéndola, incluso cuando arrugaba y tiraba a la papelera los últimos diez folios escritos del día anterior. Para mí, hasta los días o semanas en los que no conseguía escribir nada eran productivos, en la medida en la que los tomaba como un descanso necesario, o los aprovechaba para investigar sobre cualquier aspecto de la obra.

¿Cómo escribir una novela con tantos personajes involucrados?

No hay secretos en eso. Trabajo, organización y más trabajo. La inspiración puede ser el fuelle que alimente una obra, pero cuando hay tantas “vidas” involucradas en ella es necesario hacer un esfuerzo mayor para no desfallecer o perderse entre tantas historias. Me repito: trabajo, organización y más trabajo.

Te comparan con Stieg Larson, ¿Qué piensas tú? ¿has leído las novelas de Larson?

Las comparaciones nunca me han gustado, aunque entiendo que a veces son inevitables o necesarias. No he leído nada de su obra y tengo una inmensa curiosidad por hacerlo. Permíteme guardar esta pregunta, con su respuesta, para cuando haya leído algo de él.

A los que empiezan a escribir, a los que comparten contigo la pasión por la escritura, ¿qué consejo les darías?

Les diría lo que una vez me dijo un amigo: “El agricultor para recoger buenas cosechas debe trabajar todo el año, desde que prepara la tierra para sembrar las semillas, hasta que quebranta la mies tendida en la eral. Quien quiera vivir escribiendo debe tener la misma constancia y paciencia que utiliza el agricultor en su faena”.

¿Se lee ahora más novela negra? ¿Está de moda?

Eso dicen. Parece ser que el género que más se lee ahora es el policíaco, o la novela negra. Aunque yo soy de los que piensan que las modas no son consejeras de buenos negocios. Desde hace unos años hasta hace unos pocos meses, la novela histórica, y los thrillers sobre masones o manuscritos, no tenía rival en las mesas de novedades de las librerías. Hoy en día ese protagonismo está compartido con otros géneros, como creo que debe de ser.

¿Noche o día para escribir?

La noche es mi más preciada amante. Con ella soy capaz de volver a enamorarme cien veces y desenamorarme otras mil. Creo que es el mejor momento para escribir, sobre todo para mí, porque me permite estar a solas con el silencio y desnudarme sin pudor de ningún tipo. Me encanta escribir de noche, aunque también, en ocasiones, lo hago de día.

 Por curiosidad, ¿sigues teniendo el sillón de escay negro y el flexo ocre donde te imaginamos escribiendo, inventando historias o tejiendo con palabras tu maravillosa poesía?

Por supuesto, ¡ahí están mis viejos compañeros! Siempre estarán, de una u otra forma.

José Antonio, muchas gracias por dedicarnos tu tiempo. Esperamos pronto tu segunda novela.

Muchísimas gracias a vosotros por vuestra atención, y por esta maravillosa entrevista.